Tras todos los impedimentos que se dieron en mi viaje desde Ryoko Owari Toshi hasta El Castillo del Árbol Pálido (ayudé a mediar entre dos daimyos enfrentados, acabé con una maldición ancestral, y recibí un daisho purificado que había pertenecido a un héroe Seppun… pero no me gusta jactarme demasiado de mis proezas, y esa historia prefiero reservarla para otro día), fue un hecho casi milagroso llegar a tiempo para la celebración del torneo. Tener que explicar un retraso a gente tan importante como Seppun Shizu habría sido, cuanto menos, problemático.
Tras instalarnos en nuestras dependencias, y presentar nuestros respetos a Seppun Shizu, nos reunimos con otros asistentes al evento, lo que pareció alegrar bastante a mis compañeros de viaje, Isawa Migamoto rápidamente obvio la compañía del resto de los presentes para agasajar a Asako Keiko, mientras que Hida Murato pronto descubrió que tanto Rai y Reikun, ambos de su misma familia, compartían con él el gusto por el sake, sobre el que estuvieron charlando amigablemente, al tiempo que lo trasegaban en cantidades ingentes.
Por mi parte, no me sentía demasiado dispuesto a relacionarme con los miembros de mi clan más de lo necesario. Sé que es un defecto de carácter, pero por alguna extraña razón, dicho con la dosis justa de ironía, tiendo a desconfiar de mis compañeros del clan Escorpión. Así que cuando me presentaron a Bayushi Eijiro y Bayushi Yujiro, patrón de mercaderes y artista respectivamente, lo primero que pensé de ellos es que eran un ser egoísta y mezquino el uno, y un afeminado tarugo el otro. En concreto, tras observar como Doji Aiko, la joven y bella esposa de Bayushi Yujiro miraba y sonreía a Hida Rai, sospeché que además de afeminado y tarugo, este era un soberano cornudo. Así que, cuando nuestro anfitrión propuso comenzar el torneo de manera informal con un concurso de poesía (¡Poesía! La cara de los Cangrejo si era digna de un poema cuando lo oyeron), no pude por menos que dedicar un haiku a Hida Rai recordándole que no era la miel para la boca del asno. Un acto bastante imprudente por mi parte, pues aunque no soy un mal duelista, provocar a otro bushi sin conocer su habilidad no es propio de mí… sin embargo, contaba con que no sería capaz de captar mi velada alusión a que no debería perseguir a la mujer de un escorpión. Los cangrejos tienen la sutilidad de un martillo, y este caso no parecía ser la excepción.
La cena de recepción iba alargándose, y en un momento Bayushi Eijiro se me acerco para proponerme una partida de algún juego de dados junto a otro par de invitados. Siempre me han gustado mucho los juegos, y aunque este juego de dados en concreto no lo conocía, cuando se nos hizo llamar al salón principal, era bastante más rico que cuando comenzamos la partida. Sé que a algunos samurái no les agradan los juegos en los que se apuesta, tengo un adjetivo perfecto para ese tipo de hombres: “Perdedores”. ¿Están dispuestos a apostar su vida en el campo de batalla, pero no unas monedas en un juego amistoso? Algo no cuadra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario