Al final, el grupo vende gran parte de lo encontrado a una de las caravanas de comerciantes halfling, y compran un par de camisotes de malla de excelente calidad para Sebas y Elrendar.
En la mañana del tres de enero, deciden entrar por el acceso superior, la escalera derruida, el clérigo insiste en ello argumentando que les ahorrará tiempo. Y tanto que les ahorra, tanto él como Aticus se caen por las ruinas y se hacen bastante daño. Sebas debe usar bastante de su poder de curación, y el mago se queja de que siempre de que hacen caso al clérigo, termina herido.
El grupo avanza por las catacumbas, percatándose de que por varias de las estancias ya han pasado otros aventureros, encuentran monstruos derrotados y salas saqueadas. También encuentran a un guerrero que les ataca rabiosamente, pronto se dan cuenta de que existen unos enjambres de tábanos no muertos que infectan a los que pican con una rabia homicida.
Tras varios encuentros con esqueletos y ghouls, llegan a una sala en la que hay un palco a nueve metros de altura sin modo aparente de subir y una trampilla enorme de piedra en el suelo. También hay un relieve en la pared de un espíritu vasallo de Hades. Detectan que la trampilla tiene una trampa encantada, y Aticus deduce qué si la disparan, desde el relieve saldrá un conjuro que dañará y enloquecerá a su blanco. El mago usa una de las cargas de la varita de protección contra el mal que encontró un par de horas antes para proteger a Elrendar, que trata de desactivar la trampa, pero falla y recibe de lleno el ataque del relieve, que no le daña la mente pero si el cuerpo. Sebas piensa que un daño así es asumible, y que deberían tratar de abrir la trampilla independientemente de la trampa. Aunque es fácil, fracasan en dos intentos consecutivos, Elrendar queda muy herido y Sebas inconsciente. Aticus vuelve a quejarse de que cada plan del clérigo es un desastre, y con ayuda del elfo arrastran a Sebas hasta la salida, con la suerte de no encontrarse con ningún ghoul errante.
El grupo paga a los clérigos de Vulcano para que curen sus heridas. A la noche, durante el recuento de bajas, ven que quedan más o menos una treintena de aventureros vivos, y que una de las bandas ha abandonado la búsqueda tras perder a dos de sus miembros de manera horrible.
El cuatro de enero deciden entrar por la ruta del este, que ya conocen bien. Entre las cosas interesantes que encuentran está un acceso al nivel inferior mediante una barra para deslizarse, un extraño ghoul armado con dos espadas que bailaba sobre un sarcófago de hierro frío, y una sala en la que dormía un ghoul que llevaba unos pergaminos, al lado de un círculo de invocación formado por calaveras. El grupo acaba con los ghouls y destruye el círculo, pero no se atreven a abrir el sarcófago. La causa es una inscripción sobre el que avisa que dentro se haya sellado el malvado Dorn Wrin. A Sebas le suena el nombre: Es uno de los poderosos lugartenientes de Acamantus, y por las historias sobre él, simplemente es un rival imposible para ellos.
Los tres aventureros se repliegan a la sala de la escalera derruida para decidir qué área de las catacumbas deben explorar ahora.
El grupo queda cerca de subir a nivel 3. Tanto Elrendar como Sebas van armados ya con armaduras y armas de gran calidad. Elrendar además consigue un amuleto de armadura +1. Sebas y Aticus tienen pergaminos de conjuros variados, y la varita de Aticus aún tiene una treintena de cargas. Aparte llevan armas de calidad que no les interesa usar para vender cuando salgan de las catacumbas.
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