Al amanecer del quinto día, el grupo se encamina al nivel más profundo de la tumba a través de una barra deslizante (estilo las de los bomberos) que encontraron en uno de los corredores anteriormente.
Todo parece ir muy bien, destrozan esqueletos a docenas, encuentran y desactivan trampas, desvalijan tesoros, y avanzan a buen ritmo, hasta que se topan con un escorpión gigantesco, de unos tres metros de largo. El plan de Sebas de hacer que Tristán flanquee al escorpión y se proteja con la pared a la espalda resulta desastroso, ya que el monstruo se dedica a golpear a placer al guerrero sin que este pueda retirarse. Cuando Tristán cae, Sebas se acerca a curarle, resultando en que el escorpión también apaliza al clérigo, dejándolo a las puertas de la muerte. Afortunadamente la combinación de un par de flechazos bien dirigidos de Elrendar y unos misiles mágicos de Aticus acaban con el bicho.
El grupo se retira, rezando por no encontrar monstruos errantes en el camino de salida. Ya en el campamento, pagan diligentemente a los clérigos de Hefesto para que recompongan a Sebas.
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