Después de haber conseguido 8 de los 12 votos del consejo de la baronía, el grupo decide pasar el siete de enero en el campamento que estaba organizado cerca de la Cripta de Amarantus. Tristán hace encantar su escudo, Elrendar su camisote de malla y además todos compran caballos de guerra, para explorar más rápido sus dominios. También contratan a Ramiro(1), un bardo local, para que les haga de guía.
Aunque la baronía y sus tierras son de su propiedad, las villas que se hayan en ella no lo son. Ramiro les explica que son tres:
La mayor es Leza, La Ciudad de los Mercaderes, situada al suroeste a orillas del Lago de Cristal. Es la mayor, con unos 4000 habitantes. Está gobernada por un consejo compuesto por los lideres de los gremios locales. Es el único lugar de la baronía hasta donde llegan caravanas del sur.
A cuatro horas al noroeste de Leza está Dumandana, la Mina de Plata. Es un asentamiento minero de unos 1500 habitantes, la mayor parte de ellos enano. El asentamiento mismo es en gran medida subterráneo. Está dirigida por un gobernador militar enviado por el Conde Silvano, aunque Ramiro les comenta que el poder real lo ostenta el sumo sacerdote de Vulcano. Casi toda la población se dedica a la minería.
En el extremo noreste se halla Siragona, la Villa de la Torre. Es la más pequeña de las tres villas y la más remota. Está gobernada por un alcalde electo, pero todo el mundo sabe que el poder real del lugar es de Zeromon el Azul, un mago local que ha establecido una escuela de magia en una torre de la villa. Más o menos la cuarta parte de la población son elfos o semielfos.
Al día siguiente, el grupo discute. Sebas quiere ir directamente hacía la Fortaleza del Paso, pero el resto del grupo alega que la Fortaleza es el asentamiento más alejado de su ubicación actual, y que antes debería viajar hacía alguno de los pueblos más cercanos. Al final votan, y sale que viajarán hacía el norte, hacía el pueblo más cercano: Siragona.
El viaje dura día y medio hasta que llegan a un río ancho y caudaloso, Ramiro les comenta que es el río Sira, y que hay un puente siguiendo la corriente a unas tres horas. La compañía decide no arriesgarse a vadearlo e ir hacía allí. El puente resulta ser una gran construcción de piedra custodiada por dos arqueros en una torre de madera de la otra orilla. Al grupo le resulta curioso que el puente se halle a unos veinte kilómetros del pueblo. Tras saludar a los guardias, el grupo sigue su viaje y llega a Siragona sin más contratiempos.
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(1).- Ramiro es un bardo pelirojo y rechoncho de unos cuarenta años. Es nativo de la baronía, gran conocedor de las gentes de la tierra, y mejor conocedor de sus tabernas. Cobra al grupo 3 monedas de oro al día por sus servicios.
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