Tras una investigación que consistió básicamente en golpear con la maza a un fuerte entero repleto de mercenarios, Potemkin y sus compañeros descubrieron que detrás del rapto de la heredera del señorío de Elerdor estaba su madrastra, que no quería perder su poder cuando la niña se casara. Para disimular su plan, había contratado a los aventureros más incapaces que pudo como investigadores. Pero no contaba que a base de fuerza bruta y mala leche, Potemkin, Trodin y Hellfaust descubrieran el pastel.
El grupo de aventureros llevaba unos días festejando su éxito a cuenta de las arcas de Elerdor cuando fueron requeridos para una nueva misión: Habían robado parte de una reliquia. El grupo viajo raudo hacía la casa donde se guardaba el Escudo de Elerdor, pero fue atacado por media docena de orcos de camino. La maza de Potemkin acabo con tres de ellos, las flechas de Trodin, el montaraz Sinda, con otros tres. Y Hellfaust, el explorador noldo, no fue capaz de tumbar a ninguno de los trasgos... pero por lo menos en esta ocasión no se hirió a si mismo.
Según llegaron a su destino, el grupo interrogó a la pareja que allí vivía y examinó la escena del crimen. ya habían pasado un par de días, pero se habían dejado las cosas como estaban. No habían robado el escudo, solo el rubí que estaba engarzado en el, Como habían dejado un zafiro y una esmeralda, estaba claro que no se lo habían llevado por su valor. La pareja les comentó que había una leyenda sobre el rubí, que permitía controlar a los "seres inferiores". Hellfaust encontró el rastro de los ladrones (un enano y otras dos personas de poco peso) y se puso a seguirlas hasta un bosque. A la noche, fueron atacados por unos murciélagos enormes. Tras ello, encontraron a un hombre-lobo, que a cambio de la promesa de llevar un mensaje a su hijo explicando que seguía vivo y bien aunque exiliado, guió a Potemkin y a sus compañeros elfos hasta la cueva de un ermitaño que conocía todo sobre el bosque. El viejo ermitaño conocía también la leyenda del rubí, y sabía donde podía usarse: En un antiguo lugar construido por enanos, hasta el que llevo al grupo. En un claro del bosque había varios monolitos con runas enanas grabadas, miradas desde un punto concreto formaban una palabra: "Entrad". Cuando Potemkin la leyó en voz alta, una puerta secreta hacía el subsuelo se abrió.
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