Justo cuando recogía las ganancias de las apuestas, todos los invitados fuimos convocados al salón de actos: El karo Seppun nos informó de que el daimyo, Seppun Sizu, ¡había sido asesinado en sus habitaciones! Por alguna extraña razón, al karo le pareció que Miwamoto, Murato y mi humilde persona eramos los más indicados para investigar este horrible crimen: supongo que nuestra reciente intervención en eliminar la maldición de las espadas del héroe Seppun tiene algo que ver.
Aunque mis compañeros pensaban ir a descansar y comenzar la investigación por la mañana, me negué terminantemente: Entre molestar a algunos invitados (entre los que no se hallaba nadie con un status excesivo) y permitir que el asesino eliminará sus huellas, me parecía que no había más que una elección lógica.
Realmente, encontrar al asesino fue muy fácil, ya que por una razón u otra, teníamos localizados a casi todos los invitados en el momento del asesinato, y entre las consultas a los kami de Miwamoto y un interrogativo inteligente a los criados, pronto fuimos capaces de encontrar pruebas y testimonios suficientes como para acorralar a Daidoji Raikun, un capitán del ejercito grulla, que deseaba reavivar la guerra entre la grulla y el cangrejo para poder vengar la muerte de su hermano.
Ante la rápida resolución del caso, Bayushi Eijiro, que además de mercader era un Magistrado Esmeralda de incógnito, nos ofreció la oportunidad de patrocinar nuestra entrada en la magistratura, si eramos capaces de superar una prueba de nuestras capacidades...
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